miércoles, 15 de mayo de 2024

TOROS

 

Poco se puede añadir a la claridad expositiva de estos autores (*) cuya vocación analítica les permite aportar suficientes fuerzas y razones para justificar el poco recorrido de algunos de los argumentos más socorridos para defender la tauromaquia. No obstante,  en mi caso, y como defensor de los toros, me chirría especialmente esta afirmación: " Lo que da valor -estético- a un objeto no es, pues, que dicho objeto sea simplemente catalogado como arte, sino el hecho de que se trate de buen arte o arte valioso".

 ¿Hay alguna manera de tasar aquí "lo bueno" y "lo valioso"? Obviamente la respuesta varía en función de si uno se rige por esquemas especistas o no. En mi caso, lo que más me interpela  cuando reflexiono acerca de la bondad o moralidad de esta práctica, radica en cómo puede uno justificar el sufrimiento infligido a un toro. Llegando a una conclusión donde cualquier consideración acerca del sufrimiento animal se subsume a una noción de arte o gran arte. A todas luces este posicionamiento consiste en un refugio romántico: "el gran arte", "la ceremonia", "la sangre", "la muerte". Soy consciente de las limitaciones de esta postura, pero también creo que no hay muchas más siendo sincero. Realmente pienso que la vida sería mucho más aburrida y fea sin la lidia.

Lo más probable es que la Tauromaquia desaparezca en los próximos años, pero de hacerlo, no será porque la Humanidad haya alcanzado un estadio superior en lo que a moralidad se refiere, sino por una cuestión que tiene que ver netamente con la costumbre. Sin más.

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* https://elpais.com/diario/2010/08/19/opinion/1282168812_850215.html?fbclid=IwZXh0bgNhZW0CMTEAAR3kwyHSYBW4FNTmOSzQms1NjGtZWXDpEslw08JMQqbcO_HS9-tHhuBE1jI_aem_Ab12rI9xhNCwGsySS8SatCyVJQ89W29OQDyac0Pz17lXpPqKebb9T4h7JQZf8w7rsb62tFVF8e1xuztnewBdFaMl#lw8vshnizxycdld8mzb


De toros y argumentos, art. de F. Ovejero, P. de Lora y J.L. Martí.

"En el mundo hay personas que creen que los animales poseen ciertos derechos, o cuanto menos que los seres humanos tenemos ciertas obligaciones para con ellos. Y también hay personas que genuinamente creen que no. No es un drama. También hay quienes creen que Elvis Presley sigue con vida, que el color de la piel debe determinar nuestros derechos o que vivimos entre fantasmas. Hay gente para todo.

Pero no hay razones para todo. Los filósofos morales discrepan profundamente sobre el estatus ético de los animales no humanos, pero muy pocos, por no decir ninguno, sostienen que no tenemos ninguna obligación de respeto mínimo, al menos hacia los grandes mamíferos. También los legisladores en muchísimos países del mundo piensan que la crueldad o el maltrato gratuito hacia los animales no son admisibles, llegando a considerar esos actos como delitos. En Estados Unidos, una ley federal promulgada en 1999 castigaba incluso la creación, venta o posesión con fines comerciales de material gráfico que muestre crueldad animal. Con esa norma se trataba de poner coto a la industria de los llamados crush videos -imágenes que muestran la tortura intencional y sacrificio de animales indefensos (perros, gatos, monos, ratones y hámsters)- con los que, al parecer, algunos individuos obtienen placer sexual.

La discusión se centra, por tanto, en estas otras cuestiones: ¿qué obligaciones concretas tenemos y hacia qué animales? ¿Cómo podemos ponderar dichas obligaciones con otras consideraciones moralmente valiosas, como la alimentación y supervivencia de los propios seres humanos o la investigación médica? ¿Es el ocio o incluso el arte uno de esos bienes que cabe sopesar frente al sufrimiento cierto de un animal no humano, como ocurre en las corridas de toros?

Habida cuenta de la alarmante confusión que ha presidido estos días los debates y comentarios, queremos analizar algunos de los argumentos esgrimidos en defensa de la pervivencia del llamado "espectáculo" de los toros e impedir su prohibición.

Vamos a orillar la cuestión identitaria, que algunos interesadamente han introducido en el debate, o la disputa jurídica sobre la competencia del Parlament para tomar esta decisión, así como la hipocresía o incoherencia moral de quienes defienden la medida adoptada, pero no se oponen con parecidas armas a otras prácticas igualmente crueles. Nos centraremos en estos cinco argumentos: la tradición, la desaparición natural, la preservación de la "especie", la libertad y el arte.

El argumento de que los toros son una tradición consolidada en España -y en otros países- no tiene mucho vuelo. Que una acción se haya venido produciendo a lo largo del tiempo sencillamente no ofrece ninguna razón moral para seguir realizándola. Segundo, estos días hemos podido escuchar en boca de algunos protaurinos una preferencia por la "desaparición natural" de las corridas antes que por la prohibición impuesta por el poder público. Las corridas ya habían perdido buena parte del favor popular en Cataluña -se dice- así que hubiera sido mejor que se dejaran extinguir por sí solas.

Pero este argumento tampoco funciona. Imaginen que lo extendiéramos a otras acciones o actividades prohibidas. Que dijéramos algo así como: "Cada vez son menos los padres que maltratan físicamente a sus hijos menores, así que dejemos que desaparezca esta práctica de manera natural". O tenemos la obligación de no infligir sufrimiento innecesario a los toros -o a nuestros hijos- o no la tenemos. Esto es lo que debemos discutir. ¿Para qué prohibir algo que ya nadie hace?

Se ha aducido también que, si no fuera por las corridas, desaparecería esta "especie" de toros, y que si las prohibimos, propiciaremos su desaparición. Es el argumento de la preservación, un razonamiento añejo en los pagos de la discusión sobre la consideración moral que merecen los animales no humanos. Al respecto cabe esgrimir, primero, que, desde el punto de vista zoológico, los toros de lidia no constituyen una "especie" independiente. Segundo, si los aficionados son tan profundos defensores de los toros que luchan por su supervivencia, ¿por qué no aúnan esfuerzos colectivos para preservarlos creando refugios naturales en las dehesas sin causarles por ello sufrimiento, como hacemos con los bisontes, por ejemplo? Finalmente, a nosotros nos preocupan prioritariamente -en este y en otros ámbitos de la ética- los intereses y el bienestar de los individuos que sufren el maltrato. Las "especies" -como las lenguas, las naciones o los pueblos- no se ven afectadas por el perjuicio de su inexistencia. Si para preservar una especie debemos torturar a todos sus miembros, tal vez la preservación no sea tan valiosa.

En cuarto lugar, se apela a la libertad: la prohibición supondría un "liberticidio", han dicho algunos. El poder público no está, ha señalado una representante del PP, para decirnos cómo vestir o qué estilos de vida abrazar. Una segunda expresión de la libertad -la libertad de empresa-, ampararía también que se sigan celebrando corridas. El argumento en cuestión presupone lo que antes hemos negado: que desde el punto de vista moral es irrelevante el sufrimiento o dolor que causemos a los animales no humanos. Si la prohibición es un sacrificio ilegítimo de la libertad de espectadores y empresarios es porque lo que ocurra con el toro en la plaza no cuenta nada. Se ha repetido hasta la saciedad, pero muchos no se han querido enterar, que nuestros ordenamientos jurídicos cuentan con multitud de restricciones a la libertad que nadie considera ofensivas ni liberticidas porque con ellas se protegen bienes igualmente valiosos o importantes, incluso cuando ni siquiera se infligen daños a sujetos con capacidad de sufrir. La protección del patrimonio histórico-artístico, o del medio ambiente, o la disciplina urbanística, son ámbitos plagados de prohibiciones en aras a que todos disfrutemos de paisajes, o ciudades más amables, o de un legado monumental, pictórico, escultórico que estimamos valioso. ¿Alguien se imagina que un grupo de personas, basándose en la libertad de empresa, constituyera una sociedad que organizara espectáculos de tortura pública de delfines, en el que tras causarles diversos daños, dolor y sufrimiento se acabara con su vida con una espada? ¿Justificaría algo la libertad de empresa, o incluso la diversión que pudiera generar esta macabra actividad en cierto público? ¿O es que los toros merecen menos respeto que los delfines? Ni la libertad de empresa, ni el lucro mercantil, ni la diversión de los aficionados, sirven para justificar una actividad que produce dolor y sufrimiento a un mamífero superior.

En último lugar, tal vez buscando ese otro valor que justifique el daño infligido, se esgrime habitualmente el argumento de que los toros son un arte -no los toros en sí mismos, entiéndase, sino las acciones que les provocan sufrimiento y al final la muerte-. Pero este razonamiento es, en el mejor de los casos, incompleto, y en el peor, inconcluyente. Lo que sí nos interesa subrayar es que, de resultas de ese debate, cabe concluir que decir que algo es arte no le confiere ningún estatus o valor especial a la actividad en cuestión. Lo que da valor -estético- a un objeto no es, pues, que dicho objeto sea simplemente catalogado como arte, sino el hecho de que se trate de buen arte o arte valioso. Por lo demás, igual que una tradición no es, por el hecho de serlo, buena o mala moralmente, tampoco lo es el buen arte.

No confundamos, por cierto, el supuesto "arte de los toros", con el indiscutible "arte acerca de los toros". Que algunos artistas hayan realizado magníficas obras a cuenta de las corridas, como tantos novelistas las han realizado a cuenta de los asesinatos, no les otorga -ni a las corridas ni al asesinato- ninguna dignidad artística. Los fusilamientos del 3 de mayo no se disculpan por la pintura de Goya. Por seguir con la misma comparación: aunque Thomas de Quincey y algunos de los aficionados a las novelas de misterio tuvieran razón, y el asesinato fuera una de las bellas artes, ello no quiere decir que debamos derogar los artículos 138 a 143 del Código Penal. Y por cierto, un aviso para malpensantes y tramposos: no estamos comparando el asesinato de un ser humano con el sacrificio de un toro; no, no estamos estableciendo una relación de semejanza sino una semejanza de relaciones.

No han faltado en estos días los defensores de la "fiesta nacional" que nos recuerdan que este debate forma parte también de la tradición taurina, como si de un adorno se tratara. Pero no, no se trata de "dar vidilla" -con perdón por el sarcasmo dado el contexto- como si los argumentos, en el fondo, dieran igual. Cuando se discute sobre la conveniencia de una ley que ha de regir la convivencia, los argumentos son lo único que importa".


martes, 16 de enero de 2024

Son Goku siempre fue el camino


Me enerva bastante que se sirvan del buen anime que es Kimetsu no Yaiba (2019) para promocionar una campaña tan irracional y liberticida. Las campañas de marketing referidas a la promoción del catalán deberían volver a fijarse en lo que supuso para la normalización-estandarización del catalán la emisión en TV3 de Dragon Ball en los 90. Esto sí debería ser un hito lingüístico de lo que debe ser un ejemplo de promoción amable de una lengua sin considerar que estas tienen derechos a tener hablantes, y no al revés.

Todas las personas de mi generación que nacimos en territorios catalanoparlantes preferimos, aunque hablemos siempre castellano, visionar Dragon Ball en catalán porque tiene un doblaje maravilloso.  Podríamos decir sin ápice de exageración y error que Son Goku ha hecho más por el catalán que todas las políticas lingüísticas impositivas que han llevado a cabo partidos nacionalistas en sus respectivos gobiernos.  Son Goku siempre fue el camino.

martes, 2 de enero de 2024

Buenos medios para buenos fines

 Decía A.Huxley que el fin nunca justifica los medios porque los medios empleados determinan la naturaleza de los fines obtenidos. Esto quiere decir en la práctica, y me refiero sobre todo a la dimensión política o moral,  que si uno se compromete con algo que le parece bueno y justo, ha de comprender que las buenas causas también necesitan buenas razones. No se bastan solas. 

Esto añade bastante dramatismo a situaciones de la vida en la que te encuentras defendiendo x reivindicación o cuestión con otras personas que pueden estar utilizando diferentes escaleras por las que trepar hacia esos fines que supuestamente compartimos.

 Sería raro que todos trepáramos por la misma escalera, a decir verdad. Pero no de un modo inconmensurable, que es lo que comúnmente ocurre. Es decir, la disparidad e incluso lo contradictorio, en la vida real de las creencias cotidianas, acaece sin la menor traba e imposición lógica. 

Esta perorata me viene a raíz de comprobar en una página de "libertad lingüística" en Baleares, se sirven de argumentos que se apoyan en la jerigonza de la "lengua propia" de Baleares (el Baleá) para criticar que no es el catalán, sino "la dels nostres pradins i pradines". Pero esto pasa con todo cuando eres de izquierdas, de derechas, monárquico, republicano, ultramontano, anarquista, frente chiripitifláutico confederal asimétrico, charo, cayetana, friegasuelos o alcaldesa. Ya lo dijo el buen F.O: "Cuando se intenta defender con malas maneras las causas no es raro que la endeblez de los argumentos arrastre a las causas. Incluso a las buenas causas".

domingo, 5 de noviembre de 2023

Comentario intrépido sobre el quimérico principio de caridad

A juzgar por los debates que tiene uno sobre cualquier cuestión polémica, como las que son de índole política, uno llega a la conclusión, a la luz de los tan recurridos juicios de intenciones o de la adopción de la actitud de moralista-psicologicista, de que el principio de caridad entre contertulios no es más que una quimera.
Recientemente estuve debatiendo con alguien sobre un tema
especialmente polémico: la inmersión lingüística. Cuestión polémica aquí en Baleares porque es un problema político que abandera la derecha y provoca la reacción en bloque de prácticamente todos los partidos de izquierdas y colectivos o sindicatos relacionados con la educación.
Como propedéutica se debe exigir un mínimo de rigor epistémico, sobre todo, si vamos a hablar de algo relativo a los derechos fundamentales que la ciudadanía tiene en virtud de una constitución. Y en este rollo de las lenguas y la inmersión sólo caben dos concepciones que son antagónicas y que marcan el punto de partida de cualquier debate: o bien la ciudadanía tiene derechos, o bien las lenguas tienen derechos. Esto último vendría ser un tipo de agencia especial que se arrogan las lenguas para forzar a la ciudadanía a emplearlas. Esto es lo que yo considero un punto de partida a la hora de debatir sobre esta cuestión porque obliga a posicionarnos y a establecer unos compromisos que, desde luego, no serán los mismos si se elige una u otra opción. A partir de aquí, que cada persona piense lo que quiera; sin embargo, seamos honestos y pongamos todas las cartas sobre la mesa. De esta manera, cumpliríamos de verdad con el principio de caridad y con la parresía republicana esa que sólo ha existido en los libros, y así nadie se escondería de sus propias ideas como si se avergonzara de ellas. Si uno cree que tiene fuerzas y razones para defender o reprochar algo, que hable. Pero que no se calle como si esa verdad que atesora fuera un arcano indescifrable.
Esta perorata surge ante el despliegue de todos los viejos decálogos, argumentarios y baratijas ultrahipermega superadas a nivel dialéctico hace décadas. Pero da igual. Unga-Unga. No existe ni un solo argumento pedagógico, jurídico y mucho menos de clase, para justificar que toda la educación en una comunidad bilingüe deba ser en x lengua salvo en la asignatura homónima. Mi tesis es que la inmersión lingüística es una política de pre-modernos y de señoritos. Y que la izquierda la defiende porque a) ha sido educada en el nacionalismo; b) no tiene el coraje ni la paciencia de comprender una cuestión que monopoliza la derecha y, por lo tanto, le es suficiente justificarse con la torpe máxima del gran Leonard Cohen: para estar a favor de algo a veces basta con comprobar quiénes están en su contra.
En cualquier caso, quería decir algo acerca de quienes nos dicen que debemos preocuparnos más de las "esencias" que de las apariencias. Ya que si consideramos que ir más allá de las apariencias es una virtud epistémica, ser flemático, melancólico o colérico da lo mismo. Quien asume el compromiso de no discriminar a las personas por su orientación sexual, sexo, raza o apariencia física, debe también comprender que para juzgar la moralidad o la calidad de los argumentos de alguien no basta con señalar si el tono de las proferencias no es bajito, si dice palabrotas, si odia mucho. Con ello afirmo que se puede ser moderada y sosegadamente racista, como Aitor Estebán, y no por ello estar más justificado en las creencias. Y que si uno no odia, aunque sea sólo un poco y un rato, es que seguramente sea un gilipollas.

viernes, 1 de septiembre de 2023

WIN-WIN

 Siempre podemos muñirmos un muñeco de paja imaginario para parecer más listos que los demás. Funciona así: defiendes cualesquiera de tus demandas políticas y las confrontas con las ocurrencias más tontas y torpes posibles que ves por los estercoleros de interné. Recuerda que nunca debes argumentar contra las opiniones más formadas, consistentes y razonables del punto de vista opuesto, sólo las de los más tontos. De esta manera, te puedes percibir a ti mismo como una persona dialécticamente competente, ingeniosa e inteligente. José María Bellido definió este modus operandi asemejándolo a lo que hacía el señorito Iván con sus vasallos (aludiendo al proceder del youtuber Roma Gallardo). También se parece a cuando la frenología y el darwinismo social evaluaba la inteligencia de las personas más desfavorecidas. Un win-win. Esto lo escribió un amigado (Javier Aguado Rebollo): "Podéis comprobar que un programa de televisión que usa el humor como instrumento de propaganda política ha cumplido su objetivo cuando os encontráis con gente que está convencida de que ve un programa de humor y no uno de propaganda política. Según esa gente, si en ese programa se ridiculiza siempre a los mismos, eso se debe a que solo ellos son ridículos. El programa ha conseguido de esa gente que haga del efecto una causa y de la causa un efecto. En efecto, esa gente piensa que la causa de que el programa se ría siempre de los mismos se debe a que sólo ellos son ridículos, cuando lo que ha ocurrido es que la ridiculización constante, sin descanso ninguno, de los mismos ha logrado convencer a esa gente de que sólo ellos son ridículos. Ningún periodista decente, si algún día saliera uno, haría eso".

sábado, 19 de agosto de 2023

EL TREVIJANISMO

 Esto fue escrito en 2018, un día después de la muerte de Antonio García-Trevijano


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Allá por el 2010 descubrí la figura de Trevijano de manera fortuita buceando por interné. Recuerdo que la primera impresión que me causó la registré en un tweet que, si mal no recuerdo, decía algo así: Trevijano es como un disparo doble contra el corazón y contra el intelecto . Jamás me había topado con un personaje tan arrogante a la par que tan lúcido y valiente como él. Su propuesta constituye una enmienda a la totalidad del “régimen del 78”; sin embargo, y de aquí estriba la relevancia que yo le otorgué, su crítica, a diferencia de las alternativas marxianas, marxistas o marxistoides ( o chiripitifláuticas, directamente), se lleva a cabo desde una instancia que hinca sus raíces en la tradición republicana de Montesquieu y de los Founding Fathers del constitucionalismo americano. Leí prácticamente todas sus obras más importantes; ingresé como militante acérrimo en las filas del mcrc; escuché diariamente todos sus programas de radio; publiqué artículos en su diario (si alguien quiere reírse de mí, puede leerlos, sobre todo, aquél en el que me sirvó torticeramente de Heidegger para justificar una macaná). Sin embargo, con el tiempo, me acabé alejando de esos círculos porque incurrían en el mismo papanatismo acrítico que supuestamente denunciaban. Al final, el trevijanismo se convirtió, sobre todo en las redes, en un dogmatismo omniexplicativo que daba vergüenza ajena. No eran egregios, eran gregarios. Tampoco ellos pudieron librarse de la inexorable ley de hierro de la oligarquía de Michels. Después de todos estos años, sin embargo, y habiendo macerado lecturas posteriores, puedo decir que Trevijano, al menos para mí, constituye una de las figuras más relevantes de la historia de España, tanto por su insólita biografía como por su formidable formación intelectual. Si bien es cierto que Trevijano es un liberal, conservador y de orden, no lo es menos que muchas de sus ideas sobre lo que debería ser una democracia representativa son más revolucionarias que cualesquiera de los programas que presenta la izquierda en España (para vergüenza suya, por supuesto). Su obra, por descontado, no está exenta de errores propios del formalismo político. Recuérdese la crítica que le hace Bueno sobre la base de su teoría de las tres capas que conforman una sociedad política. Por no referirme a la corriente filosófica del denominado “realismo político”, la cual rehuye de cualquier abstracción política de raigambre liberal, verbigracia, la representación, la distinción entre sociedad política y sociedad civil, separación de poderes, etc. ¿Qué son las categorías políticas de la modernidad sino una reconceptualización de conceptos metafísicos y religiosos?, dirá alguno con malicia. ¡Pelillos a la mar! Al margen de todas estas críticas y del innegable monismo que adolece, Trevijano es el más grande e ilustrado de los fundamentalistas democráticos por alguna razón. ¡Honradlo! ¡Leedlo! Y, por descontado, ¡criticadlo! Descansa en paz, maestro.






domingo, 20 de febrero de 2022

Sobre las entimemas diarias

 En teoría de la argumentación las entimemas son una forma de silogismo o inferencia donde se suprime una premisa que se da por consabida de manera implícita. Por ejemplo, la expresión “Los amigos de mis amigos son mis amigos”, se apoyaría en el hecho básico de que conviene beneficiar a nuestros amigos; y a su vez esto implicaría unas asociaciones y relaciones de transferencia que a continuación explicitamos:

“Los amigos de mis amigos son mis amigos”

“Los amigos de mis enemigos son mis enemigos”

“Los enemigos de mis amigos son mis enemigos”

“Los enemigos de mis enemigos son mis amigos”

        Todas estas implicaciones pueden ser plausibles desde un punto de vista retórico; sin embargo, no hemos de considerar estas analogías como si se tratasen de relaciones lógicas que se pueden aplicar a un argumento ( identidad, definición, reciprocidad, transitividad, intrasitividad, etc). 

         La relación lógica de transitividad consiste en una propiedad formal de una relación que permite pasar la afirmación de que ella existe entre un término y un segundo, entre este segundo término y un tercero. Y la conclusión se obtiene entre el primer término y el tercero. Dicho de otro modo, siempre que rija de “x” a “y” y de “y” a “z”, rige entonces “x” y “z”.

         Grosso modo,  la base del entramado sobre el que operan estas relaciones del tipo “los enemigos de tus enemigos son tus amigos”, tiene que ver con unos compromisos semánticos de tipo esencialista;  también esta manera de inferir está relacionada con las reglas de los signos positivo (+) y negativo (-) que aplicábamos en el cole para multiplicar números enteros. Hay que recalcar que estas expresiones son pseudo-transitivas. No hace falta ser Aristóteles ni R. Brandom para percatarse de que la amistad no es universalizable y que con bastante frecuencia no tenemos necesidad  de ninguna especial simpatía para con “los amigos de nuestros amigos”. En realidad estas expresiones no son transitivas porque la relación R no se da necesariamente con todos los elementos de relación. (no siempre los primos de los primos son necesariamente primos entre sí). 

        Traigo a colación esto de las entimemas y las expresiones pseudo-transitivas no sólo como sintaxis lógica del lenguaje, sino fundamentalmente para explicitar una lógica perversa y falaz que opera en el debate público a través de la polarización y la lógica del amigo-enemigo. Para este viaje no hacían falta tantas alforjas lógicas, pero la cuestión es que es necesario recordarlo.